mercoledì 30 aprile 2008

LA VIOLENCIA: OTRO DESENGAÑO

A la edad de dieciocho años no dudé un instante en decir que no iba a hacer la mili, dije a los que me proponían que me hiciese paracaidista: “Soy un Objetor de Consciencia”.
Lo cual era y es cierto, aunque yo, aun no lo supiera.

Fue justo durante la prestación civil substitutória que empecé a aprenderlo porque antes, era un juego de bandos: los míos con Gandhi, los demás … fascistas militares!
Demasiado sencillo, y la vida se encargó de dejármelo bien claro.

  1. Diciembre 2000, visita a una reserva en Sudáfrica: a ver como vas a acercarte a los leones si no tienes un buen y experto guarda parque armado que te acompañe.
  2. Mediados del 2003, trabajo en India, unos mafiosos locales asaltan la asociación: como me gustaría que unos policías no corruptos estén a mi lado listos para pelear y defendernos.
  3. Final del 2006, Katmandú: la violencia en esta en todas partes desde las protestas maoístas en las calles hasta en las omnipresentes manadas de perros callejeros.

No, en el 2007 no me metí en ninguna guerrilla revolucionaria ni dejé de pensar que si se gastara para el desarrollo lo que se gasta para las armas estaríamos todos mejor. Tampoco empecé a amar a los militares [que mi abuelo carabiniere no se lo tome mal!].

Solo dejé de engañarme a mi mismo con el cuento que la violencia es una forma de lado oscuro y demoníaco del hombre que hay que evitar y rechazar como si llevara a la perdición. Al revés, considero estùpido negarlo y peligroso desconocerlo.

La violencia es algo necesario y, hasta que uno no entiende y no investiga la misma violencia como componente de la propia personalidad se queda corto, cojo sin una parte del propio ser.

Especialmente para los hombres, la esencia misma hasta los cincuenta y mas años es la del guerrero, necesitamos la pelea, necesitamos ponernos a la prueba, nos encanta competir.

Sun Tzu, en “El Arte de la Guerra”, decía que el éxito en la guerra depende principalmente de saber decidir cuando pelear.

Si no sabemos siquiera como estamos de preparados a la pelea: como vamos a saber cuando dar batalla? Como vamos a gestionar emociones como miedo y euforia? Como vamos a controlar y aprovechar mejor nuestras fuerzas?

Ahora que la violencia la acepto, asumo, exploro y hasta disfruto en utilizarla, soy un objetor de conciencia porque confirmo en el conocimiento la posición antimilitarista pero, sobretodo, siento que me quitado de en cima un gran engaño que me reducía el acceso a mis propias fuerzas.

Santa Cruz, 13 Abril 2008

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